Desde las planicies australianas To The Game

Desde las planicies australianas To The Game

La banda nos presenta Libertaion Front, su nuevo disco

«Sutil» no es una palabra que suela aparecer al hablar de deathcore. En mayor o menor medida —proporcional, a grandes rasgos, al volumen de brutalidad y rabia que el género hereda de sus predecesores y otras fuentes—, el deathcore se define por su contundencia. Por ello, no resulta sorprendente —aunque sí satisfactorio— ver cómo To the Grave sigue utilizando este estilo para canalizar su vitriolo, sin tapujos, contra la tortura y el asesinato masivo de animales no humanos a manos de la humanidad. Es algo imposible de ignorar, y que, con el tiempo, se ha vuelto aún más furioso y violento. El arte visual sigue la misma trayectoria: tras un paréntesis sangriento pero irónico en Everyone’s A Murderer, Liberation Front retoma el hilo justo donde lo dejó Director’s Cuts —una carretilla de cabezas en un matadero; la sangre explícita ocupa ahora un lugar central, aunque sigue siendo una fracción insignificante comparada con todo aquello que no llegamos a ver—. Este quinto álbum de larga duración es, hasta la fecha, la obra más misantrópica y visceral de To the Grave, profundamente arraigada en los horrores reales de la crueldad humana.

Liberation Front es un trabajo demoledor en todos los sentidos. To the Grave ha profundizado su deriva hacia el lado más pesado y sórdido del deathcore, lo que sirve como vehículo natural para una paciencia que, a estas alturas, se ha agotado por completo. El groove que antaño sustentaba estribillos épicos ahora se percibe más como una paliza que como un ritmo que invita a moverse: te somete a base de breakdowns viles, te sacude con blast beats frenéticos y te corta con letras especialmente mordaces, lanzadas con una cadencia rítmica implacable. El motor de esta música es su rabia nihilista, que se manifiesta en una contundencia arrolladora, con ritmos machacones y estribillos gritados directamente a la cara. El tiempo de la humanidad se ha acabado, y la única redención posible llega a través de un baño de sangre; tal como dice el tema de apertura, «MEAT THE HUMANS»: «No puedo hacer que te importe // no puedo hacer que, joder, lo entiendas. // Pero sí puedo asegurarme de que no sobrevivas». Incluso el hecho de que los títulos de las canciones estén escritos en mayúsculas —un recurso quizás algo trillado— subraya esa furia descarnada. El grupo ha elegido las armas más contundentes y pesadas para infligir el mayor daño posible; lejos de andarse con rodeos, prefieren hacer picadillo a quienes los escuchan. El resultado es un baño de sangre sin filtros, pero sumamente disfrutable.

To the Grave ha logrado destilar su justa indignación en forma sonora, y el resultado es fantástico (y aterrador). Síncopas intensas («MEAT THE HUMANS», «THE WORLD IS A SLAUGHTERHOUSE») y ritmos que invitan inevitablemente a hacer headbanging —o que resultan, sencillamente, contagiosos hasta la locura— («NAIL MARY», «YOU KNOW THE DRILL», «LIFE AMONG THE SEPTICS») ofrecen más ganchos que un matadero industrial. A esto se suman repentinos estallidos de melodía urgente que inyectan una dosis de adrenalina o pavor en el momento justo («CALF SLICER», «LIMB FROM LAMB»). A veces, todo esto ocurre simultáneamente, como en mi tema favorito, «YOU KNOW THE DRILL», que fue a parar directamente a mis listas de reproducción Heavy Moves Heavy y SOTY (canción del año) sin dudarlo ni un segundo. La voz de Dane Evans ha evolucionado notablemente incluso desde EaM; sus transiciones entre guturales viscerales y rugidos son, por sí solas, fascinantes. A esto hay que añadir gritos escalofriantes («EYESTALK ABLATIONS», «CALF SLICER», «LIMB FROM LAMB») y coros o alaridos colectivos que refuerzan frases increíblemente pegadizas («MEAT THE HUMANS», «NAIL MARY», «TORTURE PORN», «YOU KNOW THE DRILL»). Y aunque es un disco divertido de escuchar, To the Grave mantiene el horror real —que subyace en todo el conjunto— muy cerca de la superficie; basta con fijarse en el grito distosionado al final de «CALF SLICER», que lleva el concepto de los «chillidos de cerdo» (pig squeals*) propios del deathcore a un nivel totalmente nuevo, o en el sample que domina «TERRORFIRE».

Me encanta Liberation Front, aunque reconozco que simpatizar con la causa ayuda mucho. Dada mi situación personal, esta música —letras incluidas— resulta catártica; su crueldad y nihilismo sin tapujos se sienten como una liberación. La recepción puede variar, por tanto, en el caso de los no veganos, a quienes ciertos planteamientos podrían resultarles incómodos; aunque, dicho esto, no reprocho a To the Grave que defiendan a los animales con tanta vehemencia ni que den rienda suelta a sus propios demonios. Dejando a un lado las cuestiones ideológicas, sí puedo ponerle un pero a la mezcla de Liberation Front: si bien está lo suficientemente comprimida para potenciar el sonido más contundente y brutal —al estilo slam—, impide apreciar como es debido los matices atmosféricos y melódicos, por breves que sean. Tampoco me convence el giro repentino y efímero hacia un estilo vocal más propio del hardcore en el tema «THE WORLD IS A SLAUGHTERHOUSE». Por último, el hecho de que la vertiente melódica se concentre hacia el final resulta un tanto extraño, incluso si la intención era reflejar cómo, bajo todo ese vitriolo, el dolor y el sufrimiento de las víctimas van cobrando mayor visibilidad.

To the Grave no han explorado territorios musicales inéditos, pero su enfoque —tanto musical como conceptual—, que no se guarda nada, resulta sorprendentemente fácil de respaldar. Liberation Front es una sacudida de pasión y una fuerza arrolladora; es la voz furiosa de un (anti)héroe armado con una motosierra que tu sesión de gimnasio —y, lo que es más importante, los animales— necesitan sin lugar a dudas.
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