El Bello firodo de Sorgn nos trae a Archgoat

El Bello firodo de Sorgn nos trae a Archgoat

Nightbringer, Lighthbringer es el sexto trabajo de la banda finesa

Desde sus inicios en 1989, los finlandeses Archgoat se han ganado con creces su lugar en el olimpo del blackened death metal bestial (o «war metal», para esos cabrones afines que pasan demasiado tiempo en Metal Archives y llevan pantalones cortos de camuflaje a Best Buy). Liderado por los hermanos gemelos «Lord Angelslayer» (bajo y voz) y «Ritual Butcherer» (guitarra), el grupo emplea una fórmula sencilla pero eficaz: tomar riffs frenéticos de black metal, añadir guturales profundísimos, afinar las guitarras bajísimo e incorporar un montón de pausas rituales y marciales que llevan al público en directo a un frenesí impío. Para quienes nunca los hayan escuchado, imaginen el álbum Drawing Down the Moon de Beherit, pero más demoledor y blasfemo. Tras regresar de un parón de más de una décda y publicar su esperado debut, Whore of Bethlehem, en 2006, la banda ha ido perfeccionando su sonido característico a la vez que introducía ligeras variaciones: The Light-Devouring Darkness (2009) se inclinaba hacia el lado más caótico del war metal, mientras que The Luciferian Crown (2018) supuso un punto álgido en su carrera gracias a su excelente variedad y a una producción imponente. Lamentablemente, su anterior trabajo, Worship the Eternal Darkness (2021), dio la sensación de que la banda se estancaba tras The Luciferian Crown, lo que me hizo temer por el resultado de su sexto álbum, Nightbringer, Lightbringer.

Resulta que tales temores eran infundados, ya que Nightbringer, Lightbringer demuestra que Archgoat sigue pisoteando el cristianismo bajo sus pezuñas con tanta convicción como siempre. Tras la obligada introducción ambiental, el tema que da título al disco irrumpe como una tormenta de fuego, abrasando tus patéticos oídos con galopantes ritmos de doble bombo, voces guturales viscerales y riffs contundentes a medio tiempo que obligan a hacer headbanging. Con sus numerosas pausas y cambios de ritmo, la canción da a veces la impresión de haber sido destrozada por una granada y vuelta a montar apresuradamente; no obstante, los gruñidos que pronuncian el título del tema (con pausas dramáticas entre cada palabra) actúan como un ancla pegadiza que mantiene todo unido. Aparte de esta canción, el tema que aparece hacia el final del álbum, «Reaper of Christianity», es el que más se acerca a la fórmula «clásica» de Archgoat, salvo por los pianos que adornan los riffs de estilo marcial de dicha pista.

Resulta que esos pianos no son los únicos toques experimentales aquí; el disco muestra a Archgoat probando más cosas nuevas que quizás cualquier otro álbum de su catálogo. Varias canciones presentan enfoques vocales novedosos: el ataque implacable de «Iconoclasm the Nazarene» tiene momentos de gritos más agudos que recuerdan a Revenge, mientras que «Blood of Jesus Spilling Upon the Earth» emplea fragmentos de voz recitada grave, posiblemente con el tono alterado. Esta última canción también utiliza pasajes de acordes resonantes y atmosféricos que, si bien no tienen la potencia de los característicos riffs marciales de la banda, al menos aportan algo distinto. Quizás el momento más destacable, no obstante, se encuentra en «Keys of Hell and Death»: su épico desenlace constituye probablemente el minuto de música más melódico que el grupo haya interpretado jamás.

En general, estos nuevos matices son bienvenidos, aunque, dada la tremenda efectividad del sonido esencial de la banda, me habría gustado que el disco incluyera algunas canciones más al estilo «tradicional» de Archgoat. Los tempos promedio también se perciben más lentos de lo habitual y, al combinarse con el uso intensivo de teclados, generan una atmósfera siniestra y ritualista que podría desagradar a quienes busquen una sed de sangre más cruda. Sin embargo, el único paso en falso real es el segundo tema propiamente dicho, «The Dawn to Armageddon». La canción en sí es magnífica, con riffs hipnóticos a medio tiempo y adornos de teclado que, en conjunto, recuerdan un poco a los viejos tiempos de Samael. El problema es que su ubicación en el listado de temas corta el ímpetu del álbum demasiado pronto. Afortunadamente, canciones como «The Light Behind the Horns» y el tema de cierre, «Obsidian Reflection of Anti-Light», actúan como el antídoto perfecto, gracias a su energía punk y a unos riffs arrolladores que invitan a sacudir la puta cabeza (para el amo del infierno). Temas así ganan aún más fuerza gracias a una producción nítida y completa, que permite que cada capa destaque entre la oscuridad sin perder esa crudeza visceral.

Al parecer, Nightbringer, Lightbringer trata sobre el fin del cristianismo y el comienzo de un nuevo amanecer satánico. La banda aborda esta temática con tanta convicción como siempre, al tiempo que incorpora numerosos matices nuevos, sin dejar de ser plenamente reconocible como los inconfundibles Archgoat. En cierto modo, Lightbringer, Nightbringer encarna el dilema típico de las etapas avanzadas de una carrera: ¿debe una banda seguir haciendo lo mismo o probar cosas nuevas? Para Archgoat, la respuesta parece ser una mezcla de ambas opciones, y el resultado es otra embestida satánica que sin duda satisfará a los seguidores del war metal y a cualquiera que busque una buena dosis de blasfemia.